Cuando una persona con TDAH llega a nuestra escuela, no nos hacemos la pregunta más común: "¿Cuánto inglés sabe?". Nos hacemos una mucho más importante: ¿qué necesita esta persona para aprender bien?
Porque aprender un idioma no depende únicamente del nivel de inglés. También depende de cómo funciona el cerebro de cada estudiante. Por eso, el primer paso es realizar un diagnóstico que nos permita conocer a la persona, no solo evaluar sus conocimientos.
Lo que buscamos entender durante el diagnóstico
- ¿En qué momento del día logra concentrarse mejor?
- ¿Necesita clases de una hora o aprende mejor en encuentros de 30 minutos?
- ¿Conviene hacer pausas durante la clase para recuperar la atención?
- ¿Necesita moverse para mantener el foco?
- ¿Cómo podemos acompañar el aprendizaje entre una clase y otra sin generar sobrecarga?
- ¿Cuáles son sus intereses? ¿Qué temas despiertan su hiperfoco?
Estas respuestas son tan importantes como saber si conoce el presente simple o el pasado.
El interés como motor del aprendizaje
Cuando descubrimos aquello que realmente apasiona al estudiante, podemos utilizar ese interés como motor del aprendizaje. Si ama el fútbol, trabajaremos con fútbol. Si le apasionan los videojuegos, las películas, la cocina o los animales, construiremos el inglés alrededor de esos temas. En lugar de luchar contra la forma en que funciona su cerebro, diseñamos una experiencia que trabaja a su favor.
Cada persona con TDAH es distinta
No todas las personas con TDAH necesitan los mismos apoyos. Algunas requieren clases más breves; otras aprenden mejor con descansos programados. Hay quienes necesitan más estímulos visuales y quienes prefieren una planificación muy clara para disminuir la ansiedad. Por eso creemos que la inclusión no consiste en enseñar igual para todos, sino en ofrecer a cada estudiante las condiciones que necesita para desarrollar su potencial.
En nuestra escuela, el diagnóstico no busca etiquetar. Busca comprender. Porque cuando entendemos cómo aprende una persona, aprender inglés deja de ser una lucha y empieza a convertirse en una experiencia posible, disfrutable y sostenible.