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La regulación emocional en el aula: qué es y por qué importa

Lectura de 2 minutos · Por la Prof. Valeria Serrano, de VS Idiomas

La regulación emocional es el espacio entre lo que sentimos y cómo respondemos a ello. No busca una calma permanente: busca ampliar nuestra capacidad para reconocer lo que sentimos y responder de forma adaptativa, también en el aula.

¿Has oído hablar de la regulación emocional? Seguramente sí, pero ¿sabés de qué se trata y cuál es su importancia en el aula? Quedate, porque en este artículo te lo cuento todo.

Los seres humanos somos seres principalmente emocionales. Lo que sentimos, cómo lo procesamos y cómo respondemos a ello impacta en nuestro bienestar, nuestras relaciones y nuestro desempeño.

¿Qué es la regulación emocional?

La regulación emocional se ocupa del espacio que existe entre lo que sentimos y cómo respondemos a ello. No busca crear una calma permanente, sino ampliar nuestra capacidad para reconocer lo que estamos sintiendo y poder responder de forma adecuada (adaptativa).

Dos ejemplos en el aula

  • Ante la frustración: podemos recordarnos que está bien equivocarnos o no saber la respuesta en el momento, en lugar de presionarnos a hacerlo perfecto y de inmediato.
  • Ante una sobrecarga sensorial: podemos reducir estímulos, en lugar de forzarnos a soportarlo todo.

No se trata de hacerlo perfecto

Se trata de adquirir herramientas y habilidades que nos ayuden a generar mayor bienestar y aprendizaje en nuestras clases. Es el mismo enfoque que usamos en VG English School: conocé nuestro método.

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Sobre la autora: Prof. Valeria Serrano, de VS Idiomas.

Preguntas frecuentes

Es el espacio que existe entre lo que sentimos y cómo respondemos a ello. No busca crear una calma permanente, sino ampliar nuestra capacidad para reconocer lo que estamos sintiendo y responder de forma adaptativa.

No. No se trata de eliminar lo que sentimos ni de hacerlo todo perfecto, sino de adquirir herramientas y habilidades que generen mayor bienestar y aprendizaje.

Ante la frustración, recordarnos que está bien equivocarnos o no saber la respuesta en el momento. Ante una sobrecarga sensorial, reducir estímulos en lugar de forzarnos a soportarlo todo.